
¿Cómo hubieras tú, pobre hijo de la tierra, vivido sin mí?
Del ensimismamiento de la imaginación, no obstante, ya te he curado por mucho tiempo; y si no fuera por mí, ya te hubieras ido a pasear lejos de este globo terráqueo. ¿Qué sacas tú con estarte consumiendo ahí agazapado como un mochuelo en las cavernas o hendeduras de los peñascos? ¿Para qué chupar, como un sapo, tu alimento del húmedo musgo y de las rezumantes rocas? ¡Vaya un bonito y dulce pasatiempo! Tienes aún el doctor metido en el cuerpo.
Ilustración por Yael