¿Quién podrá separar perfectamente, en estos éxtasis inexplicables, en esas
devoradoras embriagueces, lo que procede de los sentidos y lo que brota del
corazón? ¿Es el esfuerzo supremo del alma hacia el cielo, o la potencia
ciega de la Naturaleza, que quiere recrearse y revivir?...
Creemos en la unión inmaterial y sin
fin, porque nos amamos. ¡Pero cuántos millones de seres han creído en ella
durante los millones de años que las generaciones cuentan y cuántos que se han
amado, iluminados por la esperanza, se han dormido confiados en el espejismo
engañador de la muerte! ¡Ay! Dentro de veinte años, de diez años, quizá, ¿dónde
estaremos nosotros...?
¿dónde estarás tú? ¿dónde yo?...